EM MEMÓRIA AO CHILE DE ALLENDE ESCUTEMOS VICTOR JARA CANTA

Publicado por Ray Lima em 12/9/2013

En memoria del Chile de Allende, escuchemos a Víctor Jara y leamos a Eduardo Gonzáles y Luis Razeto

http://www.youtube.com/watch?v=xjqa-3oL9Bc

11/09/2013 - Fuente: http://www.ripess.org/en-memoria-del-chile-de-allende/?lang=es- facebook twitter

Por Boris Marañon, en correo electrónico a la lista de RIPESS-LAC el 11 de septiembre de 2013:

Les invito a escuchar un concierto de Víctor Jara en la televisión peruana, el 17 de julio de 1973. Víctor, con la dulzura que lo caracteriza, interpreta sus mejores canciones y cuenta aspectos importantes de su vida.

Resiste, compañero Víctor

Fuente: http://www.laopinion.es/opinion/2013/01/16/resiste-companero-victor/455189.html

“En el segundo piso del Instituto Nacional de Cultura de Lima, Víctor Jara y yo estábamos conversando. En esos días, el famoso cantante chileno terminaba una gira por el Perú. Estábamos en setiembre de 1973. Faltaba una semana para que Víctor fuera asesinado. Dicen que cuando uno va a morir, repite sus pisadas. Tal vez eso le ocurría. Por más de dos horas, me habló de su infancia en Lonquén y de su madre, quien le inspiró la canción más conocida de su repertorio, “Te recuerdo, Amanda”. Recordó también la época en que estudiaba en el seminario redentorista y pensaba en ser sacerdote.

Dos personas deseaban hablarle. Me hice a un lado para no ser indiscreto, pero me di cuenta por los gestos que Víctor estaba declinando una invitación. Lo último que dijo en voz alta fue: “Gracias, muchísimas gracias, pero no”. En ese momento, me animé a invitarlo a ir a Trujillo. “En la universidad, todos querrán oírte. Puedes quedarte en una casa que tengo. Quédate, hermano, todo el tiempo que quieras”.

Víctor sonrió con tristeza: “Dices lo mismo que esos amigos”, señaló a las personas con quienes acababa de hablar. “Quieren llevarme a Quito y hacerme recorrer Ecuador. Y tú quieres que me quede a vivir en Trujillo. …No, Eduardo. Lo que ustedes tratan de hacer es evitar que yo regrese a Chile”.

DEBER CON SU PAÍS

En efecto, había mucho de eso en nuestras invitaciones. Los periódicos señalaban que un golpe militar era inevitable allí. Los ricos y los poderosos no podían tolerar las reformas sociales iniciadas por el presidente Salvador Allende. Las empresas transnacionales conspiraban. En cualquier momento iban a comprarse un sargento para que hiciera la tarea sucia.

“Tengo un deber con mi patria. Aprendí a amar la justicia social en los días en que era seminarista y me di cuenta que esa era la verdadera prédica de Cristo. Por eso entré a la Juventud Comunista. Si ocurre algo, debo estar en mi puesto de lucha”. Arturo Corcuera y yo lo acompañamos al aeropuerto.

El resto es conocido. El 11 de setiembre, apenas tuvo noticias de lo que estaba ocurriendo, Víctor Jara se dirigió a la Universidad Técnica donde laboraba. La consigna era resistir en los puestos de trabajo. Se suponía que eso iba a detener a los golpistas… pero un batallón se metió en el edificio a sangre y fuego. Se llevaron a todos los que quedaban vivos. Los condujeron al estadio de Santiago.

CRIMINALES

A Víctor, en cuanto lo reconocieron, le dieron…un trato especial. Al cantor de los chilenos y de todos los jóvenes latinoamericanos le colocaron las manos sobre una plataforma de acero y se las trituraron. Luego de muchas otras torturas, expiró, pero eso no les bastaba a sus verdugos. Le acribillaron el cuerpo con más de 40 balazos. Las noticias señalan que los ocho ejecutores del crimen han sido identificados. El oficial que lo dirigía no cesa de hacer justificaciones lloriqueantes desde Florida, donde reside.

No importan ni los nombres ni el rostro de los miserables. Deben de tener las mismas uñas sucias y los mismos ojos asustados que los acompañarán hasta el fin de sus días. Más importa responder otras preguntas: ¿Quién dio las órdenes? … ¿Y quién mandaba al oficial? …. ¿Y a su comando? …¿Y al general Pinochet?…

Los ricos, los grandes propietarios, las empresas norteamericanas. Ellos aplastaron la democracia chilena y erigieron un reino de terror con miles de presos, torturados y muertos. Ellos, y no los resistentes, son los reales terroristas que espantan y oscurecen la historia de nuestra América.

Mataron al cantor, pero el cantor no se calla. Torturaron al antiguo seminarista, pero Cristo lo había hecho inmortal. Le cortaron las manos, pero su guitarra sigue sonando. 25 años después, la seguimos escuchando. Resiste, compañero Víctor: “Venceremos, venceremos, socialista, será el porvenir””.

Testimonio de Luis Razeto de aquél 11 de septiembre de 73

Enviado por correo electrónico a la lista de RIPESS-LAC en el 11/09/2013

Me ha emocionado profundamente escuchar a Victor Jara en esta grabación y leer la nota publicada por Eduardo Gonzalez Viaña. Ello me mueve a relatar algo que guardo en mi memoría como un recuerdo precioso que me ha acompañado silenciosamente durante, hoy exactamente 40 años.

La noche del 11 de septiembre de 1973 nos quedamos en la Universidad Técnica del Estado, donde yo trabajaba, más de mil personas, entre profesores, estudiantes y administrativos. Yo tenía, y sentía la responsabildad de ser en ese entonces (con sólo 28 años) Director del Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Ingeniería, miembro del Consejo Superior, el órgano máximo de dirección de la Universidad, en cuanto representante electo por los académicos de Santiago.

Previendo que la Universidad sería asaltada por los militares, y no existiendo por nuestra parte ninguna capacidad de resistencia ante la fuerza militar que se desencadenaría con obvia violencia, intenté durante todo el día de persuadir especialmente a mis alumnos y a las secretarias que se retiraran y volvieran a sus casas, argumentando que la instrucción de “quedarse cada uno en su lugar de trabajo en caso de golpe” era solamente para los que éramos miltantes de los partidos de la Unidad Popular. Intenté pero en vano, que se tomara una decisión política formal en ese sentido.

Nos habíamos trasladado muchos a la Escuela de Artes y Oficios, que por ser una construcción más sólida nos parecía ofrecer mayor seguridad. Esa noche la pasé entera junto a Victor Jara y un pequeño grupito de compañeros que lo acompañamos recorriendo una tras otra muchas salas de clases donde pasaban la noche en espera de lo que habría de pasar, decenas y cientos de compañeros. Victor con su canto y con voz que recuerdo enronquecida, animaba a cada grupo, daba ánimos y esperanza, regalaba las que serían sus últimos cantos.

Así pasó la noche, y de madrugada los comandos militares asaltaron con violencia la Universidad, con ruido ensordecedor de disparos que pasaban sobre nuestras cabezas. Murieron allí varios compañeros. Dejaron irse a casi todas las mujeres.

Desde la Universidad nos llevaron al Estadio Chile, hoy Estadio Victor Jara. Estuve sentado al lado de Victor gran parte del día 12 de septiembre. El ambiente de ese recinto cerrado, repleto de compañeros, rodeado de soldados, era realmente angustiante, por los disparos que se oían, las armas que nos amenazaban, los gritos y las órdenes militares, el silencio de los compañeros.

Victor y yo permanecimos sentados (de hecho estábamos extrañamente tranquilos), uno al lado del otro, y al lado de tantos compañeros de la Universidad Técnica y de varias empresas donde habían apresado a muchos trabajadores. Cada cierto tiempo por los parlantes se daban nombres de personas que debían presentarse en un punto. Pensábamos que nos llamarían también a nosotros, por ser ambos comunistas conocidos. No nos llamaron; pero en un momento Victor fue reconocido, se acercaron militares armados, apuntándolo, y se lo llevaron. Pienso, creo, que fui el último de sus amigos en verlo vivo. (No podría decir que fuéramos amigos cercanos. Teníamos en común el haber sido seminaristas y el ser militantes comunistas, por motivos que eran tan parecidos. Yo lo admiraba, con Pila mi compañera cantábamos y seguimos todavía cantando sus canciones.)

¡Qué gran hombre Victor! más allá de su canto, de su arte, de su militancia en la vida. Creo que nunca cantó con tanto amor, con tanta pasión y fervor, y con tanta tristeza y ternura, como esa noche del 11, recorriendo las salas de la Universidad, cantando, animando a los compañeros que nos quedamos allí sin más armas que las del espíritu para defender la democracia.

Luis Razeto, 11 de septiembre de 2013